Ome... 5:00 de la madrugada, 5:20 de la madrugada, 5:50 de la madrugada y se acerca el tiempo para despertar. La alarma suena, siempre a tiempo, a las 6:00; los ecos que emergen de mi despertador resuenan en mi cuerpo ––ondas tintineantes que, de poco en poco, sacuden mi piel, penetrando a mis entrañas. Lo primero que veo al despertar es, por mi ventana de espejos sucios, el paisaje que me regalan las luces nacientes, tornasoladas, del sol que se abre tras las faldas serpentina de las montaña. Pasando mi rutina matutina, cotidianidad enraizada, fructífera y, a veces, mortífera. Estoy listo para salir de mi casa y adentrarme a la inmensa masa, hacerme ahí con ellos, uno. Siempre, antes de abrir la puerta de mi casa, me preparo para ser absorbido ––¿cómo me explicaré?.... a otro... a otro... como... ya sé, es como entrar a un conjunto, en donde, se espera de ti pero que no te espera, esa masa homogénea es devorante, feroz y sin piedad. Sin embargo, ahí vivo.....