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Ome...
5:00 de la madrugada, 5:20 de la madrugada, 5:50 de la madrugada y se acerca el tiempo para despertar. La alarma suena, siempre a tiempo, a las 6:00; los ecos que emergen de mi despertador resuenan en mi cuerpo ––ondas tintineantes que, de poco en poco, sacuden mi piel, penetrando a mis entrañas.
Lo primero que veo al despertar es, por mi ventana de espejos sucios, el paisaje que me regalan las luces nacientes, tornasoladas, del sol que se abre tras las faldas serpentina de las montaña. 
Pasando mi rutina matutina, cotidianidad enraizada, fructífera y, a veces, mortífera.
Estoy listo para salir de mi casa y adentrarme a la inmensa masa, hacerme ahí con ellos, uno. Siempre, antes de abrir la puerta de mi casa, me preparo para ser absorbido ––¿cómo me explicaré?.... a otro... a otro... como... ya sé, es como entrar a un conjunto, en donde, se espera de ti pero que no te espera, esa masa homogénea es devorante, feroz y sin piedad. 
Sin embargo, ahí vivo... lo que me tiene aun de pie son aquellos otros conjuntos a los cuales me puedo desplazar, pero aun así, es como si esta esencia mortífera se escabullera en cada uno de los conjuntos. Hay grupos que le tienen miedo a la diferencia, que, a veces exigen ser oídos y hacen movimientos –– eso sí, ayudan a crear nuevas significaciones, nuevos sentidos. Sentidos. ––, pero es asfixiante que se busque la igualdad, en el sentido de la frase: "todos somos iguales" –– ¿enserio? todos somos iguales... ––; creo que esta frase o este intento provoca borrar la huella de la singularidad.
El día ya va acabar, otra vez, me consumieron mis pensamientos: los que acabo de escribir y traté de resumir. Aun así, sigo tejiendo estas letras, para transformarlas para hacer un intento de ceñir, de escribirme... y me pregunto: ¿por qué nos cuesta tanto estar con el otro? Creo que, este texto tiene mucho que ver con mi pregunta porque ¿en donde dejé a las personas que me rodearon este día? A pesar de estar rodeado de personas al mismo tiempo estuve aislando... ahora que lo pienso, creo que jamás he estado cerca del otro, hay algo en mí que siempre ha sabido que hay un vacío algo que nos separa el uno del otro pero hacemos intentos, construimos puentes. Recuerdo un sueño en donde estaba con una persona, éramos siluetas, sin rostro que estábamos en una cama, juntos y poco a poco mientras nos abrasábamos empezaba a abrirse un agujero que nos distanciaba pero construíamos puentes. Tal vez, la relación es una ilusión, tal vez, jamás sepamos del otro pero podemos crear puentes. 
Antes de ponerme a escribir esto, estaba leyendo a San Agustín y me evocó lo siguiente: ¿será como lo que escribe san Agustín, a cerca de, "amar al prójimo como a mí mismo"? o , se me ocurre, que ahora, ¿nos da tanto miedo negarnos a nosotros mismos y es por esto que, olvidamos al otro? con tan pocos ideales, con esta exageración a la individualidad, se prefiere negar al otro que negarme a mí para dar lugar al otro... ¿cómo se podría deslindar estos eslabones? ¿es que se puede coexistir sin negar, ya sea el uno o el otro? No es justamente esta Ley que marca San Agustín donde, al desplegarla, podamos acentuar esta problemática...


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