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  Ha estado circulando, en diversos medios de comunicación, sobre el aumento del sobrepeso, la ansiedad, la agresión y que se han denotado rasgos de nuestra personalidad como las ideas de limpieza, etc. Ahora bien, en este texto no me voy a enfocar en las diversas manifestaciones que la pandemia puede revelar. Mi interés es sobre el aumento en la ingesta de alimentos.             Como bien se sabe, lo primero que se pasa por la cabeza cuando escuchamos algo referente a la alimentación, las primeras palabras que vienen a nuestras mentes son: oralidad, incorporación, objeto bueno/malo, cuerpo, pulsión (y, seguramente, habrá algo de ello en este recorrido). Pero hay un elemento nuevo, más que un elemento una situación específica, es decir, nos encontramos en un tiempo en donde hay incertidumbre – y, es posible que esto tense ciertas cuerdas – y que haya una resignificación en nuestras cotidianidades. Es decir, algo hizo el Covid...
Encadenada por el hilo de tu historia, no sé si permanecer en ti o intentar tejerme por mi misma ¿se puede dejar su historia y comenzar   otra? ¿ se puede contar desde un inicio nuevo? a dónde podré ir con un cuerpo encadenado, sin   saber respuesta, sin saber cómo trato de seguir con   historia.  ¿infertil?
  Despierto. Tratando de recordar lo que acabé de soñar, fragmentos estériles de una historia; fantasías entre lazadas. Poco a poco voy ordenando lo que viví en sueño… de un lado, estaba mi infancia: mis padres, fragmentos que poco a poco se turban y dan un giro cuando estaba con él, aquella persona con la que estuve enamorado y puntos suspensivos. El sueño se suspende por un momento, y comienza a rasgarse su presencia. Él poco a poco se va desuniendo.  Silencio.  Nada. Abismo .  Sí. Mientras su recuerdo se iba desvaneciendo algo en mí se abría, es, un abrir en donde se van desprendiendo las paredes de recuerdos, éstas van cayendo poco a poco ¿qué es lo que cae? De repente, me doy cuenta que mi historia, en mi narrativa estoy solo. Mi sueño hablaba sobre las extrañezas que siento al estar con él, estamos juntos pero siempre distantes… siempre sintiéndome con una brecha hacia con el otro. ¡Cuánto me gustaría poder zurcir esa brecha y por fin estar cerca de él. Br...
  Él me mostraba con su mano firme las constelaciones. Dibujaba con su dedo índice las figuras que de la Osa mayor, por ejemplo; me narraba, con su voz áspera y autoritaria sobre la historia que cargaba ese conjunto de estrellas, me hablaba de su significación, de su sentido y hablaba con una fascinación que me envolvía y me dejaba llevar con su melodioso discurso. A veces me daba miedo preguntarle algo, pensaba que él podría pensar de mí algo feo. Poco a poco, la luz lunar iba atenúandose y abrí paso a los dardos solares. En el ojo de agua, en donde estábamos viendo las constelaciones, se asomaba nuestras siluetas. Sus trazos, tanto como los que yo hago, dibujando su cuerpo, nos dan esa sensación de semejanza, sus trazos me dibujan, mis trazos le dan soporte. esto es algo que se juega también en nuestra mirada pero ¿qué es lo trazamos en el otro? ¿trazamos lo que vemos, lo que fantaseamos, o trazamos lo atroz ? Mi mano dibujaba su cuerpo a través de esa cristalina agua, y el comen...
  ¿a dónde ir en este mundo? ¿en dónde resguardar lo que mi corazón siente? en el silencio de la vida, en el borde del tiempo y   su vida pausada. ¿qué hacer? ¿qué hacer? preguntas que sus ecos golpean a mi cuerpo, recipiente vacío. ¿Reunirme contigo es la solución? o es la ilusión de   estar aquí. Desilusiones que va rompiendo tejidos.

Melodía

  Despierto.   Abruptamente abro los ojos. El chirrido de la alarma despierta en mí, sucumbe en mí todos mis pensamientos, aquellos que, en la noche pasada, traté de domar para poder dormir. ¡Tanto esfuerzo para que vuelvan a surgir! – me decía en voz alta. Camino para bañarme (los pensamientos hablan), desayuno (poco a poco empiezan a agitarse con más fuerza. En el trabajo, en el descanso y en cada hora mis pensamientos me siguen, hablan, fuertemente. Algo sucede en mí, no sé explicarlo… algo cambia, esos pensamientos comienzan a tener matices, sonidos. monotonía rítmica… Pulsaciones graves, perforaciones del alma, luego, pulsaciones suaves, oleaje en primavera. in crescendo… Orden. Encuentro en mis pensamientos delirantes su musicalidad, a pesar de que siguen en mí, encontré una forma de hacer cortes. ¿Cortes? sí, cortes… Cortando mis pensamientos, mis ideas, empecé a dar cuenta, en el silencio, de sus ritmos, de su singularidad y de ahí tejer una melodía… Una especie de cul...
Entre el ruido de mis pensamientos pulsaciones agobiantes emergen de ellos. Desorden. Vuelve esta masa griseasea y gaseosa de plabras   taladrándome, asfixiante, sofocante.   Bullicio. Tengo que hacerlo, sí, cortar. Cortar esa masa   desordenada de ideas, desnenuzarla para encontrar- me. Hacer de los hilos de mis pensamientos esas   cuerdas que dan soporte a mi voz. Cortes. Orden. Voz. Sí, mi voz tiene un tono, una melodía, melancólica, y   a pesar de ello, tiene musicalidad, sentido… singularidad.

2

  Mi cuerpo se encuentra en una superficie, esa superficie está delimitada; es decir, los muros de mi casa es una especie de frontera en donde se marca un afuera y un adentro. Allá afuera es donde suceden las cosas y aquí adentro no hay movimiento – o, al menos eso fue lo que a veces creía, luego, se desmoronó esa idea – pero en estos tiempos, tiempos en los cuales uno tiene que permanecer dentro de casa, a veces pareciese que la acción está afuera.      Entonces, creía que se jugaba lo activo y lo pasivo, pero no era del todo así. En mi interior, esa pasividad es también activa, sutil y silenciosa y es en ella en donde me sumerjo… sin darme cuenta. Ese silencio se manifiesta en el aislamiento. Llega un punto, un punto de ruptura en donde algo hace eco en nosotros y nos impone su presencia. En un giro, esas profundidades del alma se instalan en la superficie de nosotros, estando en lo más superfluo, en nuestra piel. Como na especie de escalofrío que nos recorre por l...

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  Poco a poco me voy dando cuenta que lo único que me queda es escribir. Me detengo por un momento. Mi mirada se dirige de un punto a otro de la habitación; hay algo que me causa cierto malestar, me corrijo: Hay algo en mi decir que me causó un malestar: escribir.             ¿Qué es escribir? ¿sobre qué quiero escribir? y ¿para quién escribir? esas dudas se apoderaron de mi cabeza. Pero tal vez, eso no es lo que más me intimida, creo que escribir es hacer un trazo, un cuerpo, una especie de cartografía. En otras palabras, escribir es crear bordes en una superficie. Por lo que, es estar cerca de lo más íntimo. Quizá, es por que se desvaneció esa creencia de las profundidades y al darme cuenta de que la intimidad está a flor de piel, esboza mis miedos.             Al escribir se pone de manifiesto la soledad del escritor. Se abre ese espacio en donde él se encuentra ¿solo? ¿...
¡oh, vida! ¿a qué juegas conmigo? estando aquí, siendo me conmueves, me persuade tu retórica. efecto de palabra que me constituye pero la duda, la duda de mi existir me destruye.
hilos de luces,   sutiles desprendimientos de luna luces de hilos que cubren el horizonte faro nocturno ¿por qué no me guías? Si tus estrellas se disparsen en tu espacio jícara cóncaba ¿por qué no puntúas un camino para mí? ¿por qué arrojas todas tus fichas plateadas   en la inmensidad? ¿para no salir de este laberinto? o   ¿para poner a prueba mi deseo?
I El rocío de jade en caída libre y al acariciar la tierra, cristalina rotura; musicalidad tintineante. II Cruza sobre un bosquesillo una avioneta de papel amarillo sus alas de papel irrigan destellos de luz dentro del marco de mi huerta. II Sombras que velan al cuerpo superficie de reflejos que erigen una efigie: quisicosa de la mirada.
13 de mayo del 2020 El aire suavemente se desliza y atraviesa mi ventana, acariciando mi rostro. En ese momento, me detengo.    Estaba concentrado, ensimismado en mis pensamientos y bruscamente me detengo por el aire, aire que me marca una pausa, un respiro, un corte. Pausa. Pausa que fue suficiente para darme cuenta que escribía una carta y que me esforzaba mucho en encontrar las palabras adecuadas para poder expresar lo que tenía en mente; trataba de esquivar los errores posibles que pudiese cometer... Y, entonces, llegó la pausa.    ¿Por qué querer escribir de manera correcta? ¿por qué buscar la forma más objetiva, entendible, buscar la escritura que permita la lectura? – cosa curiosa si nos detenemos en las implicaciones de "La lectura". (Estas fueron algunas preguntas que, como un asperjo de flechas; algunas incrustadas en en la superficie de mi recuerdo, otras se desvanecieron en el intento de llegar a mi conciencia pero dejando rastro.) Luego, mis pensa...
Yo y Tú                           como Tierra y cielo                              o Cielo y mar. Anverso, Espiral constitutivo. Función: Tú y Yo; Yo y Tú Formativo... ¿tú? o ¿Tú? ese otro que señala a mí: yo, un lugar. Virtualidad. ¿Soy sin (el) Otro?. ¿Sin él otro soy? Agujero.
Negro El manto negro cubre el campo y en la ventana se esboza un cuerpo.  El aire sopla, el pasto se mueve como un oleaje manso. Recuerdo aquella vez, en la que íbamos juntos, a nuestro encuentro, al bosque.  Ahora, solo te veo a lo lejos. Varios insectos tocan, en armonía, su música y en silencio acentúa; el aroma de tu piel se esparce entre el jazmín y la magnolia y un dulce aroma.  Tú sigues ahí, sin darte cuenta que te miro. Yo, sigo aquí, viéndote, por el marco de la ventana ; escena que guardo dentro de mí: recuerdo. Recuerdo que empieza a marearme por su belleza que poco a poco re-descubre su esencia mortífera. Recuerdo idealizado que se sostiene en mi piel, desmembrándola, por seguir sosteniéndola. 
Ome... 5:00 de la madrugada, 5:20 de la madrugada, 5:50 de la madrugada y se acerca el tiempo para despertar. La alarma suena, siempre a tiempo, a las 6:00; los ecos que emergen de mi despertador resuenan en mi cuerpo ––ondas tintineantes que, de poco en poco, sacuden mi piel, penetrando a mis entrañas. Lo primero que veo al despertar es, por mi ventana de espejos sucios, el paisaje que me regalan las luces nacientes, tornasoladas, del sol que se abre tras las faldas serpentina de las montaña.  Pasando mi rutina matutina, cotidianidad enraizada, fructífera y, a veces, mortífera. Estoy listo para salir de mi casa y adentrarme a la inmensa masa, hacerme ahí con ellos, uno. Siempre, antes de abrir la puerta de mi casa, me preparo para ser absorbido ––¿cómo me explicaré?.... a otro... a otro... como... ya sé, es como entrar a un conjunto, en donde, se espera de ti pero que no te espera, esa masa homogénea es devorante, feroz y sin piedad.  Sin embargo, ahí vivo.....
Recordatorio... Despierto. Tratando de recordar lo que acabé de soñar, fragmentos estériles de una historia; fantasías entre lazadas. Poco a poco voy ordenando lo que viví en sueño... de un lado, estaba mi infancia: mis padres, fragmentos que poco a poco se turban y dan un giro cuando estaba con él, aquella persona con la que estuve enamorado y puntos suspensivos. El sueño se suspende por un momento, y comienza a rasgarse su presencia. Él poco a poco se va desuniendo. Silencio. Nada. Abismo. Sí. Mientras su recuerdo se iba desvaneciendo algo en mí se abría, es, un abrir en donde se van desprendiendo las paredes de recuerdos, éstas van cayendo poco a poco ¿qué es lo que cae? De repente, me doy cuenta que mi historia, en mi narrativa estoy solo. Mi sueño hablaba sobre las extrañezas que siento al estar con él, estamos juntos pero siempre distantes... siempre sintiéndome con una brecha hacia con el otro. ¡Cuánto me gustaría poder zurcir esa brecha y por fin estar cerca de él...
AZUL espejo de agua, reflejo nocturno arriba invisible y abajo salado. Entre tus susurros me envuelves, me guía a entrar ¿qué es lo que me espera? ¿me dormiré en el vaivén del oleaje? o ¿ será el susurro de tu aliento que adormezca?  en este curso  ¿será mar o será cielo donde habite yo?
Fotografía del gato del edificio. I
Todos los sábados él espera recibir una carta tuya. Al despertar hace lo habitual: desayuna, se baña y lee el periódico a las 6 de la mañana, sentado en su balcón, con su taza de café caliente, cada sorbo lo despierta, así como el sol se abre entre las montañas los días de verano. Poco a poco, va pasando el tiempo y su cuerpo va cambiando, algo se va apoderando de él: la angustia lo va consumiendo. Esa extrañeza que siente en su cuerpo le hace decirse: ¿será el café? para la próxima, tengo que acordarme de comprar café descafeinado. Y, deja a un lado su sentir, las sensaciones las trata de tejer con una ocurrencia, y por un momento da resultado. Vuelve a su rutina... ¿Será que se le olvidó que hoy era sábado? No, la angustia aparece justo cuando se acerca su... cuando se acerca la carta. Para eso, faltan siete horas y el tiempo avanza. Acabando sus actividades de la mañana entra a su casa y camina hacia su habitación, se desploma en su cama, abatido, cansado y triste. Acostado en s...